sábado, 28 de marzo de 2009

Mucho se puede decir...

Mucho se puede decir y nunca llegará a saberse nada.
La mafia ya no son familias, ni sindicatos, ni gángsters, ni negocios sucios. Es mucho más que eso. Desde hace años, la mafia se amalgama con el mundo, con la sociedad y con la economía como un eslabón más. Tanto es así que no podemos ni imaginar las consecuencias, para todos los ámbitos de la vida, si la mafia desapareciera de un día para otro.
Sus redes se extienden por todo el globo, enmarañándose lo legal e ilegal, lo limpio y lo sucio hasta el punto de no saber cual es cual. Todos, de una manera o de otra estamos implicados. Vestimos ropa y complementos, que en algún momento de su fabricación o comercialización, tuvieron que ver con la mafia, nos hospedamos en hoteles que lavan el dinero de los bosses, vivimos es casas construidas o vendidas o alquiladas por las familias, la venta o distribución de nuestra comida financia represalias, motines, asaltos y asesinatos. Por no hablar de droga, alcohol, prostitución, juego, mercenarios, falsificaciones y un largo etcétera que nadie, creo yo que ni siquiera ellos, puede llegar a vislumbrar.
Cada uno de ellos, son uno más dentro de este mundo globalizado donde hoy compras en Hong Kong y mañana vendes en Guatemala. No tienen límites. No conocen fronteras, ni territoriales ni morales. Solo les importa el dinero. Da igual si se obtiene con la coca, el vodka, las Kalashnikov, el cemento o las manzanas reineta. Son negocios. Todo tiene un precio: la policía, los políticos, los jueces, los periodistas, los agentes de aduanas. La cuestión es llegar a un acuerdo. Y para ellos es muy sencillo. Nadie puede hacer una negociación decente sabiendo que mueren decenas de personas al día, en manos de los diferentes clanes.
No se atisba solución alguna. Vasta con decir, que a los jueces que se atreven a investigarles y juzgarles, a los periodistas y escritores que hablan de ellos sin tapujos ni cortinas de humo, se les considera héroes. Tienen que ir escoltados. Desprenderse de sus vidas. Hacer de su existencia, únicamente una lucha contra la mafia. ¿Cuántos pueden permitirse eso?
No creo que nadie pueda poner una fecha al inicio de la actividad mafiosa. Es innato en el hombre, en la sociedad. Tampoco creo que se pueda poner una para su fin. Por ello me atrevería a afirmar que la mafia, al igual que la energía, ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma.
FGdSE

No hay comentarios:

Publicar un comentario