jueves, 11 de marzo de 2010

Los gansters españoles: los políticos

Quizás el título sea injusto. Quizás sobre la palabra "españoles", pues éste es un fenómeno que se da en todo el mundo, en los países subdesarrollados y en el occidente más pulcro y democrático. Pero a mí lo que me duele es lo mío.
La figura del ganster siempre ha sido controvertida, precisamente por que una parte del pueblo sintiera cierta admiración por ellos. Eran grandes jefes, respetados por los fuertes. Tenían ciertos principios y como sus inicios no fueron boyantes sabían lo que sentía el pueblo llano y renunciaban a beneficiarse de su sufrimiento. En cambio, les procuraban ciertos favores. Para llenar las arcas siempre estaban los grandes colosos que doblegaban ante ellos.
Ahora, aquí, este velo idealizado ha caído y lo que deja ver no es nada estético.
Funcionarios ambiciosos, vagos, pedantes, exigentes, mal educados, extorsionadores, ostentosos, con mal gusto, sin principios ni ideales, con una oratoria vacía y sin compromiso, con despachos espaciosos y bien decorados que solo pisan para hacerse la foto, con amplias chequeras, lujosos coches con chófer, grandes casas, tarjetas vip y demás favores financiados por gentes a las que no respetan.
Traman chanchullos sean del color que sean. No hay fin para sus anhelos, sus ansias. Todo vale cuando de dinero y poder se habla. No importa traicionar si la recompensa es lo suficientemente valiosa. No importa prometer y no cumplir, si con la promesa se ganan elecciones y no cumpliéndola se llenan los bolsillos. Dicen representar unos valores, pero solo se representan a ellos mismos y a la sociedad limitada que esconde al fisco y a la sociedad todo lo que se llevan y se llevan y se siguen llevando.
Que nadie se engañe, la política es así. Serán todo lo rastreros, sucios e indignos que podamos creer, pero no son tontos. Nada tontos. Lo que es obvio es que un individuo con las oposiciones a abogado del estado sacadas, que ejerciendo podría ganar más de 6000 €, no se va a conformar con un sueldo del partido político de turno de 3000 €. ¿Acaso usted lo haría? ¿Acaso usted perdería dinero por servir a su país? Pues ellos tampoco. Los 3000 € es la cifra estética ante la ciudadanía. ¿Pero qué se llevara el angelito?
En fin, nuestra clase política es así. Sin excepciones. No depende de las siglas, de la diestra o la siniestra, de si son ministros o alcaldes de villas perdidas. Aquel que ocupa un puesto institucional tiende a meterse en el bolsillo todo lo que puede y más. Los casos que salen a la luz son solo los de aquellos con más ambición que cabeza. Los cantosos pagan el pato, mientras los demás siguen y siguen asegurándose una juvilación desahogada. Muy desahogada.
Tú y yo no podemos hacer nada más que ser conscientes que esto pasa. No hay peor cosa que ser atracado y que el caco te haga creer que es en tu propio beneficio. La mafia es la mafia.

sábado, 28 de marzo de 2009

Mucho se puede decir...

Mucho se puede decir y nunca llegará a saberse nada.
La mafia ya no son familias, ni sindicatos, ni gángsters, ni negocios sucios. Es mucho más que eso. Desde hace años, la mafia se amalgama con el mundo, con la sociedad y con la economía como un eslabón más. Tanto es así que no podemos ni imaginar las consecuencias, para todos los ámbitos de la vida, si la mafia desapareciera de un día para otro.
Sus redes se extienden por todo el globo, enmarañándose lo legal e ilegal, lo limpio y lo sucio hasta el punto de no saber cual es cual. Todos, de una manera o de otra estamos implicados. Vestimos ropa y complementos, que en algún momento de su fabricación o comercialización, tuvieron que ver con la mafia, nos hospedamos en hoteles que lavan el dinero de los bosses, vivimos es casas construidas o vendidas o alquiladas por las familias, la venta o distribución de nuestra comida financia represalias, motines, asaltos y asesinatos. Por no hablar de droga, alcohol, prostitución, juego, mercenarios, falsificaciones y un largo etcétera que nadie, creo yo que ni siquiera ellos, puede llegar a vislumbrar.
Cada uno de ellos, son uno más dentro de este mundo globalizado donde hoy compras en Hong Kong y mañana vendes en Guatemala. No tienen límites. No conocen fronteras, ni territoriales ni morales. Solo les importa el dinero. Da igual si se obtiene con la coca, el vodka, las Kalashnikov, el cemento o las manzanas reineta. Son negocios. Todo tiene un precio: la policía, los políticos, los jueces, los periodistas, los agentes de aduanas. La cuestión es llegar a un acuerdo. Y para ellos es muy sencillo. Nadie puede hacer una negociación decente sabiendo que mueren decenas de personas al día, en manos de los diferentes clanes.
No se atisba solución alguna. Vasta con decir, que a los jueces que se atreven a investigarles y juzgarles, a los periodistas y escritores que hablan de ellos sin tapujos ni cortinas de humo, se les considera héroes. Tienen que ir escoltados. Desprenderse de sus vidas. Hacer de su existencia, únicamente una lucha contra la mafia. ¿Cuántos pueden permitirse eso?
No creo que nadie pueda poner una fecha al inicio de la actividad mafiosa. Es innato en el hombre, en la sociedad. Tampoco creo que se pueda poner una para su fin. Por ello me atrevería a afirmar que la mafia, al igual que la energía, ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma.
FGdSE

Señora de la mafia

Título original: Señora de la mafia
Autor: Juan Martorell
Editorial: Martínez Roca
Año publicación: A la venta el 07/04/09
Temas: Literatura : Policíaca y Espionaje

Una fría noche de 1968, en un suburbio de Brooklyn, el joven John Di Mato es asesinado a sangre fría por la policía en el transcurso de una redada. Su hermana Laura —acusada injustamente de cómplice y encerrada un año en la penitenciaría para mujeres del Estado de Nueva York— jurará vengarse de todas las personas implicadas en el asesinato. Casada con Pietro Valenti, jefe de una de las principales «familias » de la ciudad, Laura se irá introduciendo poco a poco en los múltiples negocios de su marido —que abarcan desde la prostitución hasta los casinos— y acabará haciéndose con el control de todos ellos después de que Pietro muera en un ajuste de cuentas. Laura no está dispuesta a olvidar ni a perdonar a los culpables de la muerte de su hermano... ni tampoco a los responsables del crimen de su marido, y por ello emprenderá una lenta, metódica y cuidada venganza que implicará a algunos de los hombres más influyentes de Nueva York... empezando por su alcalde. Un thriller apasionante que describe cómo funcionaban las «familias» mafiosas en Nueva York en los años 70-80 y cómo una mujer logró ser aceptada para liderar una de ellas. Emociones, amor, venganza, códigos de honor, corrupción, mafia, prostitución, intrigas políticas... La protagonista, Laura Di Mato, perseguirá un objetivo: vengar la muerte de su hermano y de su marido, y no reparará en medios ni métodos hasta conseguirlo.

Simplemente: Mafia

El crimen fue una actividad tenebrosa hasta que los Borgia la llenaron de fascinación. Ciertamente en la Roma clásica hubo estocadas muy sugestivas; algunas conmovieron a Shakespeare, pero en realidad tenían muy poco misterio. Por otra parte el hacha del verdugo o la soga del patíbulo en el medioevo eran demasiado rudimentarias si se comparan con el sacramento del veneno que administraba con tanta unción el papa valenciano Alejandro VI. Todos los príncipes del Renacimiento eran asesinos, pero los nuestros fueron los mejores, los más profesionales, según decía Joan Fuster, hasta el punto que la leyenda de César y Lucrecia Borgia pasó después a abastecer la carga literaria de la mafia. En Sicilia la mafia agraria cometía crímenes muy soleados, envueltos en un silencio compacto, bajo el perfume que dejaba en las jaras ensangrentadas la pólvora de la escopeta de Salvatore Giuliano. Cuando este método expeditivo de establecer la verdad pasó a ser un protocolo de las familias italianas de Norteamérica el delito no abandonó el glamour de los Borgia. Dejar a un gangster hecho un colador con la cara enjabonada en el sillón de una barbería, citar a los jefes de una banda contraria en un garaje de Chicago para llenarlos de plomo, meter un fiambre en una hormigonera y arrojarlo en los fundamentos de un rascacielos, eran hechos que solían ir acompañados con un aria de la Traviata. Italia que ha conseguido que medio mundo cambie de gusto y coma pasta, había logrado algo más difícil al introducir en el inconsciente colectivo unos arquetipos del crimen cinematográfico, el sombrero borsalino, la camisa oscura con tirantes, la corbata blanca, las gafas negras, el guardaespaldas con la mejilla cortada y el morbo secreto de llamarte Don Vito y que te besen la mano. Todo empezó con los Borgia en Roma y terminó con Frank Sinatra en La Habana. En el Hotel Nacional se celebró un cónclave en el que los grandes padrinos se repartieron por última vez los territorios de influencia. Sinatra acudió a cantarles suaves baladas y su objetivo no era tanto servirles de tapadera como de dotar de swing a las metralletas. Bajo las inciertas estrellas del Caribe, en los jardines de ese hotel se consumó una revolución: el asesinato fue instituido como materia de los sueños. Pero hoy Italia ha importado el orden vulgar de Miami donde la ley permite a cualquier ciudadano, desde el tendero a la ama de casa, matar en defensa propia ante cualquier sospecha. El glamour ha terminado.
M.V.

...de Manuel Vicent

"Estoy sintiendo tu perfume embriagador", cantaba un falso Sinatra en El Padrino, mientras un compinche le cortaba la cabeza a un caballo de carreras y la introducía entre las sábanas de su dueño que se estaba portando mal con la familia. Ese mismo perfume exhalaba, tal vez, la humeante infusión que en la alcoba más íntima del Vaticano le fue ofrecida al papa Luciani para ahuyentarlo a toda prisa de este perro mundo. Poco después, el banquero Roberto Calvi se balanceaba con la soga al cuello en un puente de Londres y el falso Sinatra cantaba esa misma melodía, que suena ahora en todas las bodas y bautizos, pero nunca en ciertos funerales.
Quisiera saber por qué ese perfume embriagador, que llega directamente de aquel Chicago de la Ley Seca, mantiene todavía intacta su seducción, hasta el punto que cuatro fiambres humanos colgados de un gancho de carnicería en un matadero entre terneras desolladas están llenos de glamour si esa acción la realizan unos mafiosos italianos y nos parece repugnante cuando la ejecutan unos colombianos o mexicanos con todo su bigotón. La fascinación se debe, sin duda, a que los crímenes de la Mafia participan aún de la estética que les inocularon los Borgia en el Renacimiento y que el cine ha convertido en mitología.
¿Qué es más seductor, morir baleado con media cara enjabonada en una barbería de Brooklyn y que a continuación llegue Scorsese con las cámaras, o que el cadáver hecho un colador se pudra al sol bajo una nube de moscas en la terrosa frontera de Tijuana, aunque después los hermanos Cohen tomen cartas en el asunto y se gasten medio presupuesto de la película en zumo de tomate? La delincuencia de nuestra época está llena de violentos patanes. La fascinación del crimen organizado ya no existe. Pese a que algunos se disfrazan a la manera siciliana con una camisa oscura, la corbata rosa y la hombrera cuadrada, a nuestros criminales no hay novela policíaca ni cine negro que los pueda salvar de la caspa.
Una sociedad se define también por la calidad de sus asesinos y hoy el más sanguinario no aguanta la crónica de sucesos de un par de telediarios. Tiempos aquellos en que el tambor del revólver de los mafiosos servía de batería a la orquesta de Tommy Dorsey en la que cantaba el auténtico Sinatra.

Infiltrados (2006)

Dirección: Martin Scorsese.
País: USA.
Año: 2006.
Duración: 152 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Leonardo DiCaprio (Billy Costigan), Matt Damon (Colin Sullivan), Jack Nicholson (Frank Costello), Mark Wahlberg (sargento Dignam), Martin Sheen (capitán Queenan), Ray Winstone (Sr. French), Vera Farmiga (Madolyn), Alec Baldwin (capitán Ellerby), Anthony Anderson (Brown), Kevin Corrigan (Sean), James Badge Dale (Barrigan).
Guión: William Monahan, inspirado en la película "Juego sucio (Infernal affairs)" (Hong Kong, 2002), de Andrew Lau y Alan Mak.
Producción: Brad Pitt, Brad Grey y Graham King.
Música: Howard Shore.
Fotografía: Michael Ballhaus.
Montaje: Thelma Schoonmaker.
Diseño de producción: Kristi Zea.
Vestuario: Sandy Powell.
Estreno en USA: 6 Octubre 2006.
Estreno en España: 27 Octubre 2006.
SINOPSIS
El Departamento de Policía de Massachussets se ve envuelto en una guerra campal para derrotar a la mayor banda de crimen organizado de la ciudad. La estrategia es terminar con el reinado del poderoso jefe de la mafia Frank Costello (Jack Nicholson) desde dentro. A un joven novato, Billy Costigan (Leonardo DiCaprio), criado en el sur de Boston, se le encarga infiltrarse en la mafia dirigida por Costello. Mientras Billy intenta ganarse la confianza de Costello, otro joven policía que también ha surgido de las calles del sur, Colin Sullivan (Matt Damon), sube rápidamente de categoría dentro de la policía del Estado. Colin, que se ha ganado un buen puesto en la unidad de Investigaciones Especiales, forma parte de un grupo de oficiales de élite cuya misión es acabar con Costello. Pero lo que sus superiores no saben es que Colin trabaja para Costello, y le mantiene un paso por delante de la policía. Cada uno acaba totalmente consumido por su doble vida. Pero cuando los gánsteres y la policía se dan cuenta de que hay un topo entre ellos, Billy y Colin se encuentran en peligro constante de que les cojan y queden expuestos al enemigo, y cada uno debe darse prisa en desvelar la identidad del otro para salvarse a sí mismo.

Los Intocables de Eliot Ness (1987)

Director: Brian De Palma

Reparto: Kevin Costner, Sean Connery, Andy García, Robert De Niro, Charles Martin Smith, Billy Drago, Patricia Clarkson

Música: Ennio Morricone

Guión: David Mamet

Fotografía: Stephen H. Burum

Sinopsis:

Chicago, años 30. El agente federal Eliot Ness tiene como objetivo atrapar a Al Capone, capo de la mafia que asesina, extorsiona y comercializa ilegalmente con alcohol durante la época llamada "Ley Seca".

Nominaciones a los premios Oscar: 1/4

- Mejor Actor de Reparto (Sean Connery) GANADOR

- Mejor Banda Sonora Original (Ennio Morricone)

- Mejor Dirección Artística

- Mejor Vestuario

Anécdotas y curiosidades:
1- Robert De Niro ordenó contratar a los verdaderos sastres de Al Capone para diseñar trajes idénticos a los que vistió el capo para ésta película.
2- Mel Gibson, Harrison Ford, Don Johnson o Michael Douglas fueron nombres de actores barajados para interpretar al agente Eliot Ness.
3- La escena en las escaleras de la estación de tren es un homenaje a la película El Acorazado Potemkin.